Jer 20,10-13: El Señor libró la vida del pobre de manos de los impíos.
Rom 5,12-15: Gracias a Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos.
Mt 10,26-33: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
Nuestros tiempos son tiempos de inseguridades que provocan miedo, mucho miedo, encarnado en facetas y en situaciones distintas: tenemos miedo a perder el trabajo, miedo a la soledad, miedo a las dificultades de la vida, miedo al dolor, miedo a la enfermedad, miedo a la muerte. Nuestro miedo es un miedo existencial paraliza nuestro miedo humano es un miedo que se gesta, paradójicamente, en las seguridades con que los hombres pretendemos amarrar y dejar bien atada la vida. ¿Por qué? Porque las seguridades que los hombres nos fabricamos no dejan de ser una pobres y efímeras seguridades, que al más mínimo revés existencial caen por tierra.
El nuestro es un miedo de corte ontológico que nos define e identifica: es un continuo “querer y no poder”. Desde el preciso momento en que el hombre se dejó seducir por la serpiente y sucumbió a sus ruegos, el miedo entró a formar parte de su estructura personal. El hombre creyó ingenuamente que sería como Dios, conocedor del bien y del mal, libertad suprema, poseedor de la felicidad completa. Pero lo que en realidad descubrió, cuando se le “abrieron” los ojos, fue un mundo imperfecto, lleno de calamidades y la misma muerte. Descubrió, como bien dice Paul Ricoeur, “su propia finitud y en ella el miedo a la desaparición total”. El miedo humano es, así, consecuencia directa de la desobediencia a Dios. Sin Dios, el hombre tiene que buscarse otros “dioses”, sucedáneos del único y verdadero Dios, para paliar sus miedos internos, sus temores, sus desdichas, sus infelicidades, sus infortunios. Y, a pesar de todo, continúa el miedo humano.
En el Evangelio de hoy el Señor nos dice: “No tengáis miedo a los hombres; no tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Jesús cambia las claves del tener o no tener miedo en oposición directa a lo que entiende el hombre.
Para el hombre, en efecto, tener miedo consiste en perder la propia seguridad y el prestigio material, persona o social. Es un miedo completamente físico. Para Jesús, en cambio, el miedo tiene otro calado más profundo y más vital. Es el miedo a la perdición eterna: “temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”.
En una sociedad secularizada como la nuestra, los hombres tememos a los que pueden matar el cuerpo y no tememos a los que pueden matar el alma. Al revés justamente de lo que Cristo nos indica en esta página del Evangelio. Por eso, nuestro miedo no puede ser vencido, porque es un miedo anclado en la seguridad de una libertad esclava de sí misma, como apostilló sabiamente Eric Fromm.
Cristo nos propone la superación del miedo, venciendo el miedo ala libertas y a las consecuencias de la libertad. Sólo los hijos de Dios son libros, porque son auténticos” pobres de espíritu”, para quienes no hay más que la seguridad de Dios. Decía la madre Teresa de Calcuta: “Si camino sola, me pierdo; si camino con Dios voy segura”. Por eso, con gran acierto expresaba Santa Teresa de Jesús: “nada te turbe. Nada te espante… sólo Dios basta”.
La seguridad de sabernos en Dios, implica una intensa vida de fe, de oración y amor. Por la fe, Dios opera en nosotros la conversión: de las seguridades temporales, generadoras de miedo, pasamos a la seguridad divina. No es el hombre quien salva, sino Dios y nada más que Dios. Por la oración, descubrimos y nos afianzamos en Dios como el único absoluto, como el único Señor. Por el amor, Dios nos hace crecer hacia dentro y hacia fuera, porque es el único que en verdad nos liberta de nuestros miedos que nos impiden madurar, crecer, ser más. Una cosa es cierta: “No teme menos el que más tiene, sino el que más libre es; no está más seguro el que posee más bienes materiales, sino el que convierte su vida en don y en regalo a los demás”. A este propósito comentaba San Juan de la Cruz que “en la tarde de nuestra vida seremos juzgados por el amor que hayamos hecho, o por el que, pudiéndolo hacer, no lo realizamos”. Para Dios nada valen nuestros bienes, nuestros poderes, nuestros puestos, nuestras dignidades. Eso no nos salva. Sólo nos salva el amor. Quien vive totalmente pendiente de sí mismo, vive esclavo de sí mismo, temeroso de sí mismo. Quien vive para los demás, vive en la libertad de los hijos de Dios, sabiendo que Dios, que es fiel, nunca falla.
Mis queridos hermanos y amigos: “No tengáis miedo”, confiad plenamente en Cristo Jesús, el único que salva; el único que da sentido a la vida; el único que nos ayuda a afrontar la vida sin complejos y sin temores de ningún tipo. “No tengáis miedo”, nos repitió también el papa Juan Pablo II a los pocos minutos de su elección papal. “No tengáis miedo”. Con Cristo todo lo podemos, porque Él venció para siempre el dolor y la muerte y nos abrió de par en par las puertas del corazón de Dios.
jueves, 22 de junio de 2017
jueves, 8 de junio de 2017
Presentación del libro: Poemas de miel y esperanza
El próximo martes 20 de junio a las 20,30 horas tendrá lugar la presentación del libro de la Asociación Literaria "Córdoba, Alma poética" titulado "Poemas de miel y esperanza" y dedicado a la Asociación DSR España. Contará con la intervención musical de las pianistas Miranda Guerrero y Carmen Avilés.
lunes, 15 de mayo de 2017
Memoria del curso 2016-2016 en el Centro de Promoción "María Rivier"
Como cada año y persiguiendo la contribución al desarrollo de la actividad social en nuestra ciudad, la Fundación Miguel Castillejo colabora con el Centro de Promoción, Formación e Integración de la Mujer Inmigrante “María Rivier“, de cuya financiación se ha venido encargando desde el año 2009. Con la aportación económica que brinda la Fundación, el Centro enfrenta el alquiler del local, el gasto de mantenimiento del mismo y los costos de creación e impartición de los cursos y talleres que se llevan a cabo a lo largo del año.
Más de cien alumnos (mujeres y hombres) se han visto beneficiados por dichos cursos de formación, talleres de materias específicas y prácticas en otros centros que colaboran con esta necesaria actividad y con los que se firman convenios que especifican las condiciones de las prácticas e incluyen un certificado expedido por dichos centros con los que se valora las aptitudes de los alumnos.
Nos sentimos satisfechos por ver cómo se ha repetido esta vez también el éxito con el que se han desarrollado los cursos durante este 2016-2017.
El 22 de abril se entregaron los diplomas y certificados de los cursos de Geriatría (45 alumnos), Ayuda a Domicilio (19 alumnos) y Manipulador de Alimentos inserto en el Taller de Cocina (30 alumnos).
El 22 de abril se entregaron los diplomas y certificados de los cursos de Geriatría (45 alumnos), tras completar las 140 horas de práctica. La certificación a los alumnos de Ayuda a Domicilio (19 alumnos) que recibieron la titulación que otorga un certificado de 220 horas, dividido entre 80 horas de teoría y 140 horas de práctica y el certificado de Manipulador de Alimentos inserto en el Taller de Cocina (30 alumnos).
Con el nuevo año esperamos que el Centro continúe con su importantísima labor a favor de los más necesitados, señalando que los beneficiarios a los que nos dirigimos se identifican eminentemente a través del colectivo inmigrante, aunque cada año destacamos el progresivo aumento de afluencia de españoles.
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